Soy #ÉlporElla para un mundo donde poder ser YO

by Micky Dominguez   @micky_dominguez

 Martes, 9.30 de la noche, cuando ya el día parece llegar a su fin. Me siento en mi escritorio, delante del papel y el lápiz y me pregunto: ¿qué me convirtió en un #HeforShe? ¿Qué me hace defender y reivindicar la igualdad entre géneros?

Cualquiera que haya sentido en su vida cualquier tipo de discriminación, ya sea por su género, su procedencia o sus preferencias de vida, sabe perfectamente cómo se siente una persona a la que le cierran puertas o valoran sus iniciativas desde una perspectiva de género.

Cuando era pequeño fui discriminado. Lo tenía todo: era muy sensible emocionalmente, muy blanquito y me quemaba al sol todo el rato, no me gustaba el fútbol, me gustaba conversar más que los juegos físicos, me gustaba hablar de ropa y me encantaba todo el rato dar abrazos o mostrar cariños. Efectivamente, sé lo que estás pensando, yo no era un niño, era un objetivo de diana andante para todos esos abusones (tanto chicas como chicos).

Hace 30 años todo era más cerrado que ahora. No podrías mostrarle afecto físico a ningún chico si eras chico, pese a que las chicas se abrazaba todo el rato e iban de la mano. No podías hablar de ropa con tus amigos o de sentimientos sin que te acusarán de ser gay (como si eso fuera algo malo). En ese momento ser chico era igual a jugar al fútbol, coleccionar cromos, jugar a dar golpes a los otros y hablar de las niñas como si fueran objetos a los que usar y tirar después o como trofeos que una vez los conquistabas debías de regodearte con tus amigos y contarles lo macho alfa que eras.

Y yo... yo era... pues yo mismo. Me gustaba la música, hablar durante horas sobre cualquier tema, hacía coreografías en el patio con las chicas, iba de compras con ellas, me pasaba el día abrazando y buscaba protección y consuelo mientras lloraba por sentirme un bicho raro.

Pero no os creáis que me rechazaban como chico solamente los chicos, no... también otras chicas me rechazaban por ser diferente y me miraban como diciendo: tú no eres una chica, ¿qué haces aquí?

Pero algo bueno tuvo que ser así. Estuve cerca de la discriminación. Observé cómo por simplemente ser chica a mis amigas les ponían trabas allá donde fuesen. Y a la vez darme cuenta que todo era más fácil si meramente eras chico y no chica.

Desde entonces elegí luchar y diferenciarme, por mí y por ellas. Elegí ser #HeforShe. Porque he visto tanto talento de mujeres aplastado por el simple hecho de no ser hombres que me hace tener una empatía inmediata frente a esta absurda barrera humana. Porque luchar por sus derechos no te hace feminista, te hace mejor a tí como persona, como hombre y como sociedad.

Y elijo hacerlo desde el podio más poderoso que hay: la educación. El arma más poderosa para cambiar todo. Ahora, educo a mis alumnos en valores de no discriminación. Educo a mis alumnos en que los hombres también muestran afectividad, también tienen gustos distintos y que no hay nada peor que sentirse discriminado por ser quien eres. Eso hace que los niños entiendan lo absurdo que es tener en la cabeza que un género tiene que cumplir una serie de condiciones, como ser más débiles o sensibles.

Defender en alto ‘esto lo hizo una mujer’ es necesario, para no volver a caer en los errores del pasado. Para evolucionar sin etiquetas. Yo estoy a vuestro lado, y en vuestra lucha.

Yo soy un #HeforShe.

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